jueves, 19 de mayo de 2016

12 FESTIVAL MUNDIAL DE POESÍA VENEZUELA 2015


CON OBJETO DE CELEBRAR EL DÉCIMO FESTIVAL DE POESÍA FUERON  INVITADOS A PARTICIPAR NIÑOS Y ADULTOS PARA HACER LA PRESENTACIÓN DE SUS CREACIONES POÉTICA.EL ACTO SE LLEVÓ A CABO EN LA POBLACIÓN DEL MENITO, ESTADO ZULIA.-




Lectura a todos los niños del poema :

NIÑO JESÚS: EL OCULTAMIENTO

Tendría unos 4 o 5 añitos
Se hablaba de un niño bueno
que traía los regalitos
a todos los muchachitos
que se dejaban querer
y  aprendían a leer.

¡Ventaja que yo tenía,
Porque bastante leía!

¿Cuándo vendrá ese niño?
Preguntaba a cada rato.
Ya yo le tengo cariño
y le quiero pedir un regalo:
una botija de  lochas
y una muñeca de trapo.

¡Nadie me respondía,
cómo si nada sabían.
Ocupados en lo que hacían
toditos se entretenían!

¡Al fin se vino ese día!...

Llegó diciembre decían.
El alboroto se sentía,
la máquina que rugía
de noche y de día.
Era mamá que cosía
los estrenos  para el día
de las fiestas que vendrían.

No éramos muy sifrinas,
ni el término se conocía.
Lo único que yo sabía
es que algún estreno venía.

Todo era movimiento,
se respiraba alegría.
De eso, nada entendía,
pero me comía el cuento.
Y hacia mi algarabía.

¡De pronto todo cambió
y  ya nadie ni se reía!

Algo pasaba en la casa.
Ya ni un murmullo se oyó,
 Y yo nada comprendía.
¡La situación está mala
murmuraban en la sala!

Las vacas se están muriendo,
ya no se puede ordeñar.
La fiebre es pa´ salir corriendo.
Los quesos no están saliendo,
los reales no están entrando
y ya nada se está vendiendo.

¡Es poco lo que está quedando!

¡Los niños están esperando.
Y se estaban comportando!
¡Eso decía mi tía para calmar
la algarabía!

¿Qué haremos con los regalos?
Preguntó la madre mía.
Les daremos cualquier cosa,
señaló  esa  vieja loca:
que llamábamos mi tía.

Al  lado vivía una negrita,
que era nuestra vecinita.
Y era más odiosa y  mala
 que Satán en compañía.
Una niña muy peleadorcita.
Decían: que bien fuñía.
Chismosa, como más nadie,
y se  gastaba unos aires.
Por cierto, nada dulcita
la mentada carajita.

¡En fin, era malcriada la cría!

Mi mamá siempre decía:
Esa muchacha es grosera,
no hace caso y es muy floja.
No las quiero ver a ustedes
portarse de esa manera;
porque viene el niño Jesús
y pasa corriendo la acera.

La noche del 24 a misa,
y después, todos  a cenar.
Los niños se han de acostar
tempranito para esperar
al niño que ha  de llegar.

¡Eso decía mi abuela mientras
doblaba una tela!

¡Así se llegó ese día,..
de los regalos chequear!

¡Miré debajo de la cama!
 ¡Y cuál no sería mi sorpresa
qué, cuando bajé la cabeza,
Avisoré un paquetico,
bien bonito y chiquitico,
que contenía una muñeca!

La bendita muñequita,
ni las piernas, ni los brazos movía.
No me pareció muy bonita.

¡Esa cosa no puede ser mía
muy  frenética me decía!

Y, muy adentro pensaría:
¡Ah! tampoco era de trapo,
como yo la había pedido.
¿Qué cosa habrá sucedido?
Mi botija allí no estaba
Y yo miraba y miraba
Pero, en ningún lado la
 encontraba.

¡Ni que yo fuera gocha
Tampoco veo las lochas1

No salía de mi sorpresa…
Y en señal de negación,
yo meneaba la cabeza
buscado una explicación.

Mi hermana estaba en un trance
¡Yo no me tomé ese chance!
Y nada de eso le pregunté.
Pero, al mirar lo que tenía en sus
manos  me limité a pensar:

¡Qué mala suerte tenía!

Era una muñequita igualitica
a la mía…

¡Esas son cosas de mi tía!

Al sentir la bullaranga
en el patio de la vecina,
me brinqué la baranda
y enseguida pregunté:

¿Qué te trajo el niño,
 amiga mía?

Y presurosa contestó:
una muñeca que habla
y que tiene el pelo azul;
una nevera, una cocina
y  de planchar una tabla.

¡No lo podía creer,
Yo lo tenía que ver!
¿A esa muchacha  grosera
la quiso  ese  niño ciego?
Le trajo su cocina y su nevera.
¡Con tal mentira no puedo!

¡Mamá, mamá, mamá!

Fue tan grande el susto,
que mi madre a contestar atinó:
“El año que viene, mi amor
Si tú te portas bien,
tendrás regalos a montón
y  de toditos lo mejor…”

Aquí empezó mi lección.
-Del tal niño y mi disgusto-
Y como yo era inteligente,
según decía mi mamá,
ya no dejé pa´ más nadie
y dije en voz alta que
hasta en la cuadra se oyera:

¡Aquí hay algo que no es justo…
Y vomité mi disgusto!




























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